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Thursday, May 17, 2007

EL PREMIO NOBEL QUE CREYO


EvangelizaréDr. Alexis Carrel


Por las llanuras francesas circula un tren con un vagón abarrotado de enfermos; su destino, un santuario mariano: Lourdes. Les acompaña y cuida un joven médico, notorio ya por su saber y sus habilidades en el campo de la cirugía; es profesor de la universidad de Lyon. Había sido católico; el ambiente materialista y racionalista en que vive, dio por resultado, que perdiera la Fe. Viaja con los enfermos porque piensa que científicamente va a tener ocasión de demostrar las patrañas sobre Dios, el alma, los milagros...

-EI milagro es absurdo; no existe. Lo que hay aquí son autosugestiones.

-¿Y qué curaciones te harían admitir a ti la existencia de un milagro en Lourdes?, le dice otro médico.

-La curación brusca de una enfermedad orgánica. Si yo viera desaparecer ante mis ojos un tumor, un cáncer, una enfermedad congénita, creo que me volvería loco o me metería a monje. Pero, en verdad no tengo ningún temor de que esto ocurra.



María Ferrand


Entre los enfermos que viajan en el tren, hay una joven particularmente enferma -desahuciada antes de emprender el viaje-

_ Doctor, dijo la enfermera, es esa muchacha, se muere...

_ No podré llegar a Lourdes -dijo muy bajo la enferma-

EI doctor le puso una inyección de morfina, y la examinó: tenía el vientre monstruosamente hinchado. María Ferrand había estado tuberculosa desde los 15 años. Por estar demasiado grave, en el hospital se habían negado a operarla y la mandaron a su casa a morir. Al llegar a Lourdes, en el hospital del santuario, hubo este dialogo: _Vamos al hospital, dijo el Dr. Alexis Carrel a otro doctor; tengo una enferma particularmente grave. Creo que si la encontramos viva, ya es un pequeño milagro.

_ Es una peritonitis tuberculosa en su último grado y cavernas pulmonares. EI corazón está sin control... mira el color de su cuerpo y de sus dedos violáceos... es imposible que pueda vivir...

_ ¿Podemos llevarla a la piscina?, preguntó 1a enfermera.

_ Seria una imprudencia, seguramente no llegaría viva.

_ Se va intentar "el imposible prodigio de la resurrección de una muerta, dijo el Dr. Carrel al otro Dr. -antiguo colega de estudios-. Si María Ferrand se cura en Lourdes, yo creeré en los milagros..."



"¿Me estoy volviendo loco?"


María Ferrand fue llevada a la piscina; dado su estado no se le introdujo; simplemente se roció can agua su cuerpo, y fue llevada a la capilla de las apariciones. El doctor Carrel se colocó cerca de la camilla de la joven. La mirada del Doctor Alexis se clavó intensa, incrédula, estremecida en el rostro de María Ferrand. Se había modificado - como si tuviera más vida-

_ Estoy sufriendo alucinaciones -pensó- nunca me había pasado.

La muchedumbre cantaba y rezaba. María Ferrand tenía sus ojos puestos en la imagen de la Virgen con una mirada de inmenso amor; unos ojos que brillaban, que se iban llenando de vida. EI Dr. Carrel sacó la pluma estilográfica y apuntó en el puño de su camisa la hora en que estaba ocurriendo: las dos y cuarentaicinco minutos. Entonces palideció. Veía claramente bajar la cobertura que momentos antes levantaba el vientre hinchado de la muchacha; bajaba, y al fin quedó al nivel normal.

-Creo que me estoy volviendo loco -se dijo- esto es imposible.

Los cantos y rezos de los peregrinos resonaban en sus oídos como si fueran un inmenso clamor irreal; salió de allí. Al atardecer se dirigió a la sala del hospital donde estaba María Ferrand. Abrió la puerta de la habitación; la joven estaba sentada; sus ojos tenían el brillo de la juventud y las mejillas sonrosadas; de toda ella emanaba un indefinible sentimiento de paz que comunicaba a los demás.

_ Dr. estoy completamente curada; creo que podría caminar.

El Dr. Carrel no contestó. El vientre aparecía normal, con la piel blanca y lisa; la moribunda cadavérica y corazón sin control, se había transformado en unas horas en una muchacha normal.

El Dr. sintió aparecer en su frente gotas de sudor. Ha ocurrido lo que consideraba imposible, se dijo.

Un grupo de tres doctores se dispuso a examinar a la joven -uno de ellos incrédulo...

_ ¡Está completamente curada!- dijo emocionado uno de los doctores, _ Yo no le encuentro nada. -dijo el doctor incrédulo- La verdad es que podría levantarse ahora mismo.

_ Es un gran milagro. ¿Creerá ahora, doctor Carrel? Hoy he rezado mucho a la Virgen por Vd. -le dijo el tercero.

Alexis Carrel quedó silencioso. Sentía una inmensa confusión. _ ¿Qué harás ahora que te has curado?, dijo a la joven.

_ Ingresaré en las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y dedicaré toda mi vida al cuidado de los enfermos.

El Dr. Carrel salió; cerca del santuario, se puso de rodillas, y dijo: ''Yo fui católico. Después seguí las filosofías racionalistas; sólo conseguí hacerme un desgraciado. Virgen Santísima ampárame. Tú has respondido a mis dudas con un milagro manifiesto. Ayúdame; mi orgullo intelectual todavía lucha, pero yo deseo creer en Ti". Una dulzura inmensa fue descendiendo sobre su alma. EL Dr. Carrel sintió que recobraba la Fe, que de nuevo poseía la certeza absoluta.



"Vd. No tiene nada que hacer entre nosotros."



El Dr. Carrel publicó el caso en la revista científica "Constataciones Médicas" y concedió entrevistas a la prensa, lo cual causó gran escándalo en los medios racionalistas. Por aquel tiempo preparaba unas oposiciones a un puesto de cirujano. Un día uno de sus jefes y profesores se acercó y le dijo: "con esas ideas, Vd. haga lo que haga, no tiene nada que hacer entre nosotros".

El Dr. Carrel, pensando que todo estaba cerrado para él, se trasladó a Canadá, con la intención de hacerse un granjero. Pasado el tiempo terminó siendo el investigador estrella del Instituto Rockefeller, donde los trabajos de Alexis Carrel adquirieron aureola de leyenda. En 1912 fue el Premio Nóbel más joven de Medicina. Alexis Carrel fue fiel toda su vida a aquella recuperación de la Fe. En su Diario y Meditaciones, dejó escrito: "¡Qué ceguera la de los intelectuales!'. "Que cada minuto de mi vida, esté consagrado a vuestro servicio, Señor". "La respuesta de la Fe es incomparablemente más satisfactoria que la ciencia".



La fidelidad (toda su vida) del Dr. Alexis Carrel al milagro que presenció, nos hace recordar que el católico consciente y ferviente, vive inmerso en el milagro -en el mayor Milagro: la Eucaristía. Sólo nos hace falta vivir consecuentemente y ser testigos militantemente ante el mundo del Milagro del que somos beneficiarios.



Si desea propagar esta lectura llame o escriba al P. Prudencio Sánchez- 401 Av. Guanajibo, Mayagüez, PR. 00680 Tel.: (787) 805-2369

Wednesday, April 25, 2007

Jesús, Yo Confío en Ti


La hermana Faustina Kowalska, hoy Santa, vivió en Polonia de 1905 a 1938. Gozó de numerosas apariciones de Cristo y la Virgen María.

En una de las apariciones -tal como aparece aquí-. Cristo le pidió que hiciera una pintura de la aparición.

Igualmente le pidió que en la pintura figurase la frase: "Jesús, yo confío en ti".



¡Oh, Santísima Hostia!


“El reloj dió las doce; la última hora del año. Lo termine invocando a la Santísima Trinidad, y también comencé la primera hora del nuevo año en el nombre de la Santísima Trinidad. Pedí a cada una de las Tres Divinas Personas que me dijeran y con gran confianza, delante del Santísimo, comencé el Nuevo Año”.

(Cuantas veces lea esta hojita -mejor si lo hace todos los días- hágalo como desagravio a las blasfemias que se dicen contra Jesús Sacramentado)


Y dije en mi meditación:

¡Oh, Santísima Hostia en la cual está el Cuerpo de Cristo como prueba de su infinita compasión por nosotros, especialmente por los pobres pecadores!

¡Oh, Santísima Hostia en la cual se contiene la vida eterna y la infinita misericordia que se dispensa abundantemente a nosotros y especialmente a los pobres pecadores!

¡Oh, Santísima Hostia, la cual contiene la misericordia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo para con nosotros y especial mente para con los pobres pecadores!

¡Oh Santísima Hostia en la cual se contiene la fuente de agua viva que derrama infinita misericordia para nosotros y especialmente para los pobres pecadores.

¡Oh, Santísima Hostia, en la cual se contiene cl fuego del mas puro amor, cuyas llamas brotan del seno del Eterno Padre, como de un abismo de infinita misericordia por nosotros y especialmente por los pobres pecadores!

¡Oh, Santísima Hostia, en la cual se contiene la unión entre Dios y nosotros a través de Su infinita misericordia para con nosotros y especial mente para con los pecadores!

¡Oh, Santísima Hostia, en la cual se contienen todos los sentimientos del dulcísimo Corazón de Jesús para con nosotros y especial mente para con los pobres pecadores!

¡Oh Santísima Hostia, nuestra sola esperanza en todos los sufrimientos y contratiempos de la vida!

¡Oh, Santísima Hostia, nuestra sola esperanza en medio de las oscuridades y tormentas internas y externas!

¡Oh Santísima Hostia, nuestra sola esperanza en la vida y en la hora de nuestra muerte!

¡Oh, Santísima Hostia, nuestra sola esperanza en medio de las adversidades!

¡Oh, Santísima Hostia, nuestra sola esperanza en medio de las falsedades 0 las traiciones!

¡Oh,'Santísima Hostia, nuestra sola esperanza en medio de la oscuridad y la impiedad que inunda la tierra!

¡Oh, Santísima Hostia, nuestra sola esperanza cuando se arruinan nuestros proyectos y esfuerzos!

¡Oh, Santísima Hostia, nuestra sola esperanza en medio de los estragos causados por los enemigos del alma!

¡Oh, Santísima Hostia, yo confío en Ti cuando el peso es mayor que mi fortaleza y mis esfuerzos son inútiles!

¡Oh, Santísima Hostia, yo confío en Ti cuando las tormen­tas sacuden mi corazón y mi alma tiende a la desesperación

¡Oh, Santísima Hostia, yo confío en Ti cuando mi corazón tiembla y mi frente se cubre de sudor!

¡Oh, Santísima Hostia, yo confío en Ti cuando todo parece conspirar contra mí y la desesperación escalofría mi alma!

¡Oh, Santísima Hostia, yo confío en Ti cuando la adver­sidad parezca mi unica herencia!

¡Oh, Santísima Hostia, yo confío en Ti cuando la práctica de la virtud me parece difícil y mi naturaleza se rebela!

¡Oh Santísima Hostia, yo confío en Ti cuando me golpea la enfermedad y cuando me sonríe la salud!

¡Oh, Santísima Hostia, Yo confío en Ti para realizar 10 que esperas de mi vida!

¡Oh, Santísima Hostia, yo confío en Ti para presentarme ante el juicio de Dios; es entonces cuando voy a confiar en el mar de Tu misericordia!

¡Oh Santísima Hostia, yo confío en Ti para caminar contigo, seguirte en todo y levantarme si caigo!


Santísima Trinidad, yo confió en tu infinita misericordia. Dios es mi Padre. A mayor oscuridad, mayor confianza. Amén.

No es posible no confiar en El; puede hacer todas las cosas. Con El, todo; sin El, nada. El es el Señor, y no per­mite que quien deposita en El su confianza, sea derrotado.





EI tiempo es una monedita prestada que podemos convertir en basura o en puro oro espiritual. Si Vd. es un cató1ico que no practica o lo hace a medias, esta amontonando basura. En uno u otro caso, acepte esta oración que mu­chos estarán diciendo por Vd.: "Oh Padre Eterno, yo te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu Amado Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, por nuestros pecados y por los de todo el mundo. Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros". Dar contenido cristiano al tiempo, es agradecer el don de la Fe, que puso en la palma de nuestras manos al Santísimo Sacramento: ¡Oh, Santísima, Santísima, Hostia!


Si desea propagar esta lectura llame o escriba al P. Prudencio Sánchez- 401 Av. Guanajibo, Mayagüez, PR. 00680 Tel.: (787) 805-2369